La Ley de la prueba de la mujer honesta, la impotencia sexual y el juicio de Nicolo

La Ley de la prueba de la mujer honesta, la impotencia sexual y el juicio de Nicolo



En la edad media era un causal de divorcio la impotencia masculina.

 

Una mujer tenía el Derecho de demandar la ruptura matrimonial, invocando que su esposo tenía una disfunción eréctil.

 

Si el hombre negaba la impotencia, el juez podía ordenar que tuviera sexo, en la sala de audiencia, con su esposa o una prostituta.

 

Muchos hombres, aun siendo potentes sexualmente, no podían tener erección en público, ante los ojos del juez y de los concurrentes a la audiencia, lo que hacía que el divorcio se admitiera y que el hombre perdiera la estimación social.

 

El caso de Nicolo, creó un precedente importante, que contribuyó a derogar la Legislación que permitía el divorcio por impotencia, que se conocía como "Ley de la prueba de la Mujer Honesta".

 

Nicolo, demandado por su esposa en el Siglo XV, por impotencia, le pidió al Juez descender a un prostíbulo, acompañado de un escribano (especie de notario de la época) y de un testigo, para que comprobaran que él no era impotente. 

 

Estando en el prostíbulo, Nicolo en presencia de todos, tuvo sexo con una prostituta. Luego del acto, el escribano colocó residuos del semen en el papel oficial y certificó que el mismo semen era producto de la relación de Nicolo con la prostituta.

 

El Juez desestimó el divorcio, pronunciando el "sobreseimiento de la causa".

 

En la actualidad los divorcios son permitidos al margen de la impotencia sexual del hombre. Nadie está obligado, en República Dominicana y en la mayor parte de los países, a mantenerse unido a una persona con la cual no tiene interés de estar casado.

 

La Ley de la prueba de la mujer honesta, como una paradoja de la historia, afectaba a la mujer como al hombre, exponiendo su intimidad.

 

La mujer, por ser un delito el adulterio, procuraba el divorcio si quería tener sexo con personas diferentes al marido; el hombre, tenía que defender su virilidad, en un escenario que parecía más un circo que un tribunal.

 

Han sido cosas del Derecho.

 

Por: Carlos Julio Feliz Vidal

Abogado


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