La Responsabilidad Civil Objetiva



Objetivo: Establecer el origen y evolución de la Responsabilidad Civil objetiva y su impacto en la Responsabilidad Civil Dominicana.

Se considera responsabilidad civil objetiva o teoría del riesgo creado, aquella en la cual la persona se presume responsable por el daño causado independientemente de la culpa o falta del autor o de que éste haya actuado de manera lícita.


Esta responsabilidad se origina a causa del uso, dominio o posesión, guarda o propiedad de la cosa peligrosa, que produce el perjuicio a otra persona y que por el vínculo de causalidad está obligado a repararlo, salvo que pruebe una excusa legítima de exoneración.

La ventaja de este tipo de marco jurídico es que una vez probado el daño y el vínculo de causalidad, se produce una inversión probatoria, pues le corresponde al responsable demostrar una de las eximentes de responsabilidad, como son:

1.     Falta de la propia víctima.
2.     El hecho de un tercero.
3.     Caso fortuito o la causa de fuerza mayor.

El Dr. Jorge Subero Isa en un artículo publicado el 24 de abril de 2017[1], establece entre otras cosas que el origen de la Responsabilidad civil objetiva se remonta a Francia y Bélgica.

Se dice que Bélgica descubrió el artículo 1384, cuando en ocasión de la explosión de la Caldera de la sociedad minera de Saint Guilles, 12 obreros murieron y 10 quedaron gravemente heridos, los familiares demandaron por responsabilidad civil ante el Tribunal de Bruselas invocando los artículos 1382 y 1383, pero el fiscal Faider fundamento su petitorio en base a los trabajos preparatorios del Código Civil que planteaban lo establecido en el actual artículo 1384 del Código Civil (responsabilidad por las cosas inanimadas) y la doctrina de Larombiere y de Sourdat. El Tribunal de Primer Grado de Bruselas acoge esta tesis emitiendo la sentencia del 31 de mayo de 1871, la cual fue recurrida y confirmada por la Corte de Bruselas supliendo motivos, rechazando la tesis de Faider y condenando a la sociedad de Saint Guilles por los artículos 1383 y 1382 del Código Civil.

Francois Laurent, de Luxemburgo, historiador y jurisconsulto belga, fue el primer doctrinario que defendió la tesis del Tribunal de Primer grado de Bruselas en su obra “Principio del Derecho Civil Francés, Tomo XX de 1876”.
Si bien Bélgica fue la fuente donde inició el descubrimiento del artículo 1384 del Código Civil, fue en 1904 cuando la Corte de Casación de Bruselas (33 años después de la sentencia de 1er Grado de mayo 1871) reconoció la interpretación objetiva establecida en el artículo 1384 del Código Civil, Francia es quien asume la postura paradigmática para la época de la interpretación del artículo 1384 del Código Civil, en ocasión de que el 14 de junio de 1891 la máquina del remolcador a vapor Marie, perteneciente a los señores Guissez y Cousin, hace explosión, resultando muerto el mecánico Teffaine a consecuencia de las heridas recibidas por el vapor del carbón, la viuda acciona en responsabilidad civil el 21 de noviembre de 1891 ante el Tribunal Civil de Sena, estableciendo la Corte de Casación Francesa el 16 de junio de 1896 la primera decisión que limitó la responsabilidad civil por el guardián de la cosa inanimada a un vicio de construcción de la cosa.

El segundo criterio relevante fue adoptado por la Corte de Bourdeaux el 23 de marzo de 1910, donde se invocó el artículo 1384 del Código Civil en los accidentes de tránsito, la corte rechazó el fundamento, por la intervención de la mano del hombre que lo convertía en un instrumento en sus manos y aplicó el artículo 1382.

El tercer precedente de la corte Francesa fue emitido el 21 de enero de 1919, donde sostiene que: se aplica el 1382 del Código Civil a los accidentes de tránsito a menos que cause daño sin ser instrumento en las manos del hombre.

El cuarto criterio, se genera el 29 de julio 1924, donde por primera vez la Corte acoge responsabilidad civil por la cosa inanimada (artículo 1384 del Código Civil) en un accidente de tránsito.

Continúan ambos criterios encontrados hasta el 13 de febrero de 1930, cuando las Cámaras Reunidas, unen la Responsabilidad Civil del 1384 del Código Civil a la guarda de la cosa y no con la cosa en sí misma, presunción de responsabilidad y no de falta por vehículos de motor, sino también con un vehículo de motor.

La sentencia del 12 de diciembre 1933, establece la presunción de que el propietario es el guardián de la cosa.

En la sentencia del 2 de diciembre de 1941, se dispone que el guardián es quien tiene el uso, control y dirección de la cosa y en base a ese criterio se estableció que el propietario pierde la guarda cuando le roban el vehículo. Criterio que ha permanecido en la actualidad a través de las leyes vigentes y de la jurisprudencia Francesa.

En el derecho dominicano, la responsabilidad civil objetiva se origina con la sentencia dictada el 21 de diciembre de 1931, por un accidente de trabajo en ocasión de una descarga eléctrica.

La segunda decisión relevante dada por la Suprema Corte de Justica el 11 de agosto de 1933[2], en ocasión de la muerte de una persona a causa de una locomotora, el padre del occiso demandó en responsabilidad civil y en interpretación del artículo 1384, se estableció la presunción de falta, por lo tanto no tenía que probar el demandante que el accidente en el cual había perdido la vida su hijo, había sido causado por negligencia o imprudencia de la compañía intimada.

El criterio de la antes citada sentencia se mantuvo vigente para la aplicación de responsabilidad civil producida por la cosa inanimada o con la cosa inanimada.

Este criterio varió en ocasión de un accidente producido en un hotel donde un joven muere ahogado en la piscina y su padre demanda en responsabilidad civil al hotel, la Suprema Corte de Justicia fija el criterio de que “para que se aplique la presunción del Código Civil contra el guardián de la cosa inanimada, no basta una intervención cualquiera de la cosa, sino que es preciso que la intervención sea activa, esto es, que la cosa sea la causa generadora del daño; que cuando la cosa inanimada ha desempeñado un papel puramente pasivo, el daño no puede reputarse como causado por el hecho mismo de ella en el sentido del referido texto legal[3]”.

Estos dos criterios encontrados se mantuvieron vigentes indistintamente y aplicados en los accidentes de tránsito, trayendo consigo una migración total de las demandas de responsabilidad civil por la cosa inanimada en los accidentes de tránsito, admitiéndose este criterio del 11 de agosto de 1933, en muchas de las sentencias de las sentencias emitidas por la Primera Sala de la Corte, ejemplo de eso son las sentencias Nos. 7 del 14 de enero de 2009; B. J. 1178; 74 del 25 de enero de 2012; B.J. 1214; 84 del 27 de junio de 2012; B.J. 1219; 1036 del 14 de septiembre de 2016; 1327 del 7 de diciembre de 2016, entre otras.

Por otro lado, también se mantuvo el criterio de 1961 en sentencias como la núm. 1320 del 23 de noviembre de 2016, estableció la imposibilidad de concurrencia en los accidentes de tránsito de responsabilidad civil por la cosa inanimada y responsabilidad civil por falta personal del 1382 y 1383 del Código Civil, en ese mismo tenor la sentencia 53 del 3 de mayo del 2013; B.J. 1230, establece que en materia de tránsito debe probarse quien cometió la falta y en virtud al principio Iura Novit Curia, se debe dar la verdadera connotación jurídica conforme a la responsabilidad civil que corresponde.

La discusión jurisprudencial de los dos criterios encontrados, en cuanto a los accidentes de tránsito ha sido temporalmente resuelto, por las últimas sentencias emitidas al respecto por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia, siendo la primera la número 919 de fecha 17 de agosto de 2016, en la cual se estableció, que la responsabilidad civil que generan los accidentes de tránsito es una responsabilidad delictual o cuasi delictual, instituida en los artículos 1382 y 1383 del Código Civil y del comitente por los hechos de su preposé, establecida en el artículo 1384 del Código Civil, sentencia que ha venido siendo ratifica en los mismos supuestos de hecho y de derecho hasta la fecha.

Por lo que conforme a este criterio jurisprudencial en la actualidad no es posible aplicar cosa inanimada a las colisiones entre vehículos de motor.

Corroborando el criterio externado por las últimas jurisprudencias la Ley 146-02 sobre Seguros y Fianza, artículo 123 y 124 establece la presunción de que quien conduce el vehículo lo hace con la expresa autorización del asegurado de la póliza o del propietario y que éste propietario es civilmente responsable de los daños causados por la persona que conduce ese vehículo; lo cual es más coherente a la realidad de la materia y es la ley que expresamente así lo consagra, diferenciando el alcance de la norma general prevista en el citado artículo 1384 del Código Civil y dando una especial atención a los casos de tránsito.

La Ley 492-08 sobre Transferencia de Vehículo de Motor, en sus consideraciones establece que el propietario de un vehículo responde por el hecho de la cosa inanimada y recientemente la Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana del 24 de febrero de 2017, en su artículo 305 establece: “El conductor de un vehículo de motor y su propietario serán solidariamente responsables por los daños y perjuicios causados con la conducción de un vehículo de motor, salvo que ocurran por falta exclusivamente imputable a la víctima del accidente, o a un tercero, o a la ocurrencia de un caso fortuito o fuerza mayor. A los fines de la presente ley los aspectos relativos a la responsabilidad civil derivados de los accidentes de vehículos de motor serán regidos por las disposiciones del Código Civil, leyes especiales vigentes y criterios jurisprudenciales dominantes”.

De la lectura de estos preceptos legales, cabe la posibilidad de volver a interpretar de manera objetiva la responsabilidad civil en los accidentes de tránsito, pero a la fecha no hay jurisprudencia al respecto en relación a la Corte Suprema de Justicia, aun cuando los tribunales de Primer Grado del Distrito Nacional, han iniciado a admitir que la responsabilidad civil naciente de las disposiciones del artículo 305 antes enunciado, responden a las reglas de la responsabilidad civil objetiva.

Análisis que desde nuestro punto de vista nos parece acertado tomando en consideración las letras de la norma naciente, que se ha apartado del artículo 65 de la derogada Ley 241, en cuanto a la noción de imprudencia, negligencia, inobservancia e inadvertencia a la hora de manipular un vehículo de motor, e impone la indemnización a la víctima, salvo los eximentes de responsabilidad civil antes mencionado.

El enfoque de responsabilidad civil y el marco de indemnización a la victima responde a una visión global pro-victima en el que se enmarcan los países Europeos, Estados Unidos y Canadá, por citar algunos, donde se entiende que aquel que sufre un daño producto de un siniestro tiene derecho a ser indemnizado, lo que indiscutiblemente nos coloca en un cambio de paradigma en cuanto a la noción de falta que hemos manejado hasta ahora y la actividad probatoria para poder evaluar el análisis de los eximentes de responsabilidad civil, único escenario donde la indemnización no sería una realidad a favor del perjudicado.

Hemos abordado los accidentes en materia de tránsito por la gran controversia que los mismos han generado, pero la responsabilidad civil objetiva es una realidad que llego para cambiar la forma en que los jueces todos los días evaluamos la noción de falta y en algunas ocasiones la dificultad de la victima para probar la misma.

No debemos dejar de mencionar que en la actualidad hay una tendencia general de que en las legislaciones positivice la responsabilidad civil de forma objetiva como es el caso del artículo 59 de la Ley 107-13 sobre los Procedimientos Administrativos en contra del Estado Dominicano; el artículo 35 de la Ley 358-05 sobre los Derechos al Consumidor o Usuario, los Convenios Internacionales sobre transporte aéreo y marítimo; en algunos aspectos de la responsabilidad civil médica, el ejercicio de las labores de algunos profesionales, la responsabilidad del dueño del animal por el perjuicio que este cause, los vicios de construcción y ruinas de edificio, en fin estos son algunos de los regímenes donde podemos encontrar esta responsabilidad civil.

La idea de proteger a la victima trae aparejada en muchos países la responsabilidad civil tasada u objetiva, habida cuenta de la actividad peligrosa que genera la cosa que produce el daño, de ahí que, la participación de las compañías aseguradoras resulta vital para asegurar los daños que se producen a terceros, de modo que la indemnización previamente evaluada pueda ser afianzada y pagada al perjudicado, pero con el elemento característico de que una vez ocurrido el hecho y la persona recibir el daño, el mismo por la presunción de responsabilidad, producto del daño ocasionado con la cosa o por la cosa, y el vinculo de causalidad, da lugar a la reparación por parte del propietario, el guardián o aquel llamado a responder por la cosa peligrosa.

[2] S.C.J. 11 de agosto de 1933, B. J. 277, pág. 1; 14 de enero de 1983, B.J. 866, pág. 32.
[3] S.C.J. 24 de mayo de 1961; B.J. 610; pág. 1072.

Por: Mag. YOKAURYS MORALES CASTILLO

Jueza de la 3ra Sala de la Corte Civil y Comercial del Santo Domingo. D.N. RD 


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