El grave dilema electoral de Leonel Fernández



En esta contienda presidencial, todas las encuestas recientes colocan a Leonel Fernández en una clara tercera posición, excepto las de su litoral político. Asumamos pues en este momento que en las elecciones del próximo 5 de julio quedará en tercer lugar.

De ser así, podría producirse una de dos situaciones: 1) que el PRM o el PLD gane en primera vuelta, o 2) que ningún partido obtenga el 50+1 y se necesite una segunda vuelta.
Si el PRM gana en primera vuelta, no habrá necesitado el apoyo explícito de Leonel Fernández, en cuyo caso, su margen de negociación con el PRM será limitado.
Hay que recordar, además, que el perredeísmo, ahora perremeísmo, ha gobernado solo cuatro años de los últimos 34; es decir, en el período que va de 1986 al 2020, solo gobernaron del 2000 al 2004, por lo cual, es entendible que en el perremeísmo haya mucha gente a la espera de ser incorporada al tren gubernamental.
Si quien gana en primera vuelta es el PLD, a pesar de la férrea oposición de los leonelistas, tampoco tendrá Leonel mucho espacio para negociar beneficios.
Veamos ahora el escenario de segunda vuelta.
Sin duda, una segunda vuelta daría a Leonel Fernández y aliados un importante espacio de influencia y negociación. ¿A quién apoyarían?
Los altos dirigentes leonelistas han repetido que no apoyarán al PLD. Si sostienen esa posición, entonces, Leonel apoyará al PRM, asumiendo que no se quedará al margen de los eventos.
De apoyar al PRM se presentan dos interrogantes:
Primero, ¿acatarán con disciplina los antiguos peledeístas la decisión de su líder de que voten por el PRM, o volverán en la hora cero al PLD donde están sus antiguos compañeros?
Segundo: si los peledeístas que siguen a Leonel votan por el PRM, es casi seguro que el PLD perderá, entonces, ¿dónde encontrará Leonel votantes en el futuro?
Quizás Leonel asume que una derrota del PLD hará que los peledeístas corran desesperadamente hacia él, y eso le daría una base electoral para competir en el 2024. Pero también podría suceder que lo culpen a él de la derrota y no sea el beneficiario de esa base electoral.
La política dominicana ha sido siempre muy caudillista, y aún en pleno Siglo 21 no se ha librado de ese mal. Leonel Fernández es el último caudillo ilustrado de la política dominicana. Fue el eslabón de transición que escogió Balaguer para evitar que el perredeísmo peñagomista llegara al poder en 1996, y la ultraderecha sigue apegada a Leonel porque todavía lo ven como el sustituto de Balaguer.
Sin embargo, tanto en el PLD como en el PRM se está produciendo una transición generacional. Para solo mencionar un ejemplo: el candidato del PLD y el del PRM son empresarios de menos de 60 años, no políticos de ocupación como Balaguer, Peña Gómez, Bosch, Leonel y Danilo.
No significa esto que todos los candidatos presidenciales de ahora en adelante serán empresarios, sino que ya hay una generación menor de 60 años en el PLD, en el PRM, y en partidos minoritarios que busca ascender políticamente, y lo más probable es que la sociedad dominicana pruebe suerte con nuevos aspirantes, no con quien ya fue presidente 12 años y ha gravitado de manera determinante en la vida política dominicana por cerca de 30 años.
La política es una lucha de poder racional envuelta en emotividad, y el encono es mal consejero.

Por: Rosario Espinal

        Politóloga  


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