El DOMICILIO de elección. Límites y alcance



El domicilio de elección es un lugar generalmente distinto al domicilio real, y fijado por la ley o la convención de las partes para el cumplimiento de un acto o acuerdo, especialmente la recepción de los actos judiciales o extrajudiciales relativos a aquellos (Ver Arts. 2148 Cód. Civ. y 384 Cod. Proc. Civ.). Es completamente potestativo en principio. En caso de licitud, la elección de un domicilio implica la extensión jurisdiccional de los jueces del domicilio real.

En la legislación dominicana, el Articulo 111 del Código Civil dispone: “Cuando un acta contenga por parte de algunos de los interesados elección de domicilio para su ejecución en otro lugar que el del domicilio real, las notificaciones, demandas y demás diligencias, podrán hacerse en el domicilio convenido y ante el juez del mismo”.

Mientras que por otro lado, la parte in fine del Art. 59 del Código de Procedimiento Civil, para determinar el tribunal competente donde debe ser emplazado el demandado, dispone que: “en el caso de elección de domicilio, para la ejecución de un acto, para ante el tribunal del domicilio designado, o el del domicilio real del demandado, de conformidad al Artículo 111 del Código Civil”.

El domicilio elegido es un domicilio puramente ficticio elegido convencionalmente o impuesto por la ley, para la ejecución de un acto, de una sentencia o para la instrucción de un proceso, el cual implica necesariamente una atribución de competencia a un tribunal distinto de aquél del demandado, constituyendo un atentado al principio de unidad del domicilio, y comporta generalmente la atribución de ciertos poderes a un mandatario; que, el único texto del Código Civil consagrado al domicilio elegido es el citado Artículo 111.

Del texto del mentado Art. 111 se desprende, según la jurisprudencia francesa, y así lo reconoció recientemente nuestra Suprema Corte de Justicia, mediante sentencia de fecha 28 de agosto de 2019, que la elección de domicilio está dominada por la idea de que es el resultado de una convención que deroga los efectos normales del domicilio real; por lo tanto, se basa en el mandato que se confía a la persona cuyo domicilio se elige; este mandato, que requiere un acuerdo formal, está restringido al acto que lo implica y, por lo tanto, es válido solo para el acto en vista del cual se realizó (CA Toulouse, 5 mai 1969, JCP 1970, II16234), para cualquier otra operación subsiste el domicilio real (Cass. civ., 20 févr. 1928, D. H. 1928, 163); que, en igual sentido, la Corte de Casación dominicana también ha juzgado que, según la fórmula prescrita por el Artículo citado, si la elección de domicilio es el resultado de una convención, ésta deroga los efectos normales del domicilio, de tal manera que cuando la elección de domicilio ha sido hecha en interés recíproco de las partes, los jueces del fondo no pueden decidir que la notificación hecha en un lugar distinto al elegido sea válida (SCJ, Salas Reunidas núm. 3, 23 sept. 2009, B. J. 1186); que, por otra parte, se ha decidido que la elección de domicilio, para ciertos actos determinados, no puede extenderse más allá de donde ella misma lo determina, es decir, que siendo un domicilio de excepción, para actos determinados, solamente se podrán notificar en ese domicilio de elección aquellos que tengan conexión con la elección hecha (SCJ, 23 dic. 1938, B. J. 341, p. 938.; que, en tal virtud, es de principio que en el domicilio de elección pueden notificarse todos los actos de procedimiento que se refieren al interés de esa elección (SCJ, 5 oct. 1966, B. J. 671, p. 1915; SCJ, Salas Reunidas núm. 3, 23 sept. 2009, B. J. 1186).

Por lo que, de acuerdo con las reglas del Art. 111 del Código Civil, relativas al domicilio de elección, explicadas anteriormente, el domicilio elegido en un acto procesal determinado, NO PUEDE EXTENDERSE A PROCESOS JUDICIALES DISTINTOS A LOS QUE LE CONCIERNEN AL MISMO ACTO; pero, tampoco dicha elección de domicilio procesal puede tener por efecto sustituir tácitamente la elección de domicilio convencionalmente establecida en un contrato suscrito por las partes.

En conclusión, la elección de domicilio está dominada por la idea de que es el resultado de una convención que deroga los efectos normales del domicilio real; por lo tanto, se basa en el mandato que se confía a la persona cuyo domicilio se elige; este mandato, que requiere un acuerdo formal, está restringido al acto que lo implica y, POR LO TANTO, ES VÁLIDO SOLO PARA EL ACTO EN VISTA DEL CUAL SE REALIZÓ, PARA CUALQUIER OTRA OPERACIÓN SUBSISTE EL DOMICILIO REAL.

Lic. ROMEO TRUJILLO ARIAS

Abogado / Catedrático Universitario



Comparte esta noticia en las redes sociales:

Publicar un comentario

0 Comentarios