Criterios de evaluación de los DAÑOS MORALES (2 de 3)



Tal y como establecimos en la primera parte de este trabajo, en el sentido de que los daños morales sólo pueden ser acordados por los tribunales en ocasión de lesiones a las personas Y NO A LAS COSAS. Por lo que incurre en un exceso el tribunal que acoge daños morales cuando la parte civil constituida sólo ha sufrido daños patrimoniales. En ese mismo sentido, la persona que ve disminuido su patrimonio a consecuencia de una acción dolosa de otra, recibe un daño material, pero no moral.

El perjuicio moral puede resultar de la inejecución de una obligación de seguridad o de una obligación contractual. Los causados con motivo de lesiones corporales recibidos en un accidente cualquiera, tales como el sufrimiento que representa haber resistido el dolor físico, de soportar múltiples heridas en el cuerpo, así como el impacto psicológico que conlleva el tener que usar, de manera permanente, por ejemplo, una silla de ruedas para su desplazamiento. O de la presentación de una denuncia o querella ejercida de manera imprudente, con propósito ilícito, de perjudicar a otro, de mala fe, con temeridad, o si es el resultado de un error grosero equivalente al dolo o donde se haya actuado con “ligereza censurable” o en forma “maliciosa”, etc.

El derecho a la honra y reputación de las personas se encuentra tutelado por el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el artículo 17.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José).

El buen nombre es la reputación o la percepción que de una persona tienen los demás. Su menoscabo por expresiones ofensivas, falsas o tendenciosas da lugar a que el responsable incurra en responsabilidad.

Entiendo de suma importancia establecer, que los derechos a una indemnización por daños morales no pueden ser cedidos, contrario a lo que ocurre respeto de los daños materiales, puesto que esos derechos son inherentes a la persona.

Reitero que los daños morales no necesitan descripción y su evaluación es de la soberana apreciación de los jueces, siempre y cuando no sean irrazonables. Sin embargo, ha sido juzgado que para reducir el monto de indemnizaciones que habían sido otorgadas en instancias anteriores por concepto de daños morales derivados de un accidente, la Corte de envío debe hacer su propia evaluación y ofrecer motivos particulares (No. 6, Sal. Reu., May. 2010, B.J.1194).

Siendo incuestionables por ejemplo, los daños morales que se le ocasiona a un padre la muerte de un hijo o viceversa, no requiere especial motivación para justificar la condenación al pago de daños y perjuicios.

Nuestra honorable SCJ, decidió recientemente (1ra. Sala, núm. 1139, 27 julio 2018, B. J. Inédito), que en los casos en que no se reclamen daños materiales, sino solo daños morales, basta comprobar la efectividad del agravio que ha debido soportar la parte afectada como consecuencia directa del hecho ocurrido, pues habiendo comprobado la alzada la existencia del perjuicio, deducido del lazo de parentesco existente entre la víctima del accidente, hijo de la reclamante, el daño moral quedaba limitado a su evaluación (Recomiendo confrontar y/o analizar esta decisión con la del TC/0629/18, independientemente del valor vinculante erga omnes de esta última).

Continúa…

Por: Lic. Romeo Trujillo Arias
         Abogado





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