30 de febrero, el día que solo existió una vez en la historia

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Cada vez que llega un año bisiesto, como este 2020, es casi inevitable sentir curiosidad por saber su razón de ser. ¿Cuál es el motivo por el que, cada cuatro años, se añade un día al mes de febrero? Considera ahora es esta posibilidad: ¿ha existido alguna vez un 30 de febrero?

A qué se deben las variaciones al contar los días
Es bueno recordar que la idea de contar el tiempo es una invención humana. Dividir el tiempo en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años facilita mucho el diario vivir. En su recorrido a través del tiempo, el hombre ha necesitado contabilizarlo para programar sus actividades y registrar los acontecimientos.

La división del tiempo en meses obedece al ciclo natural de la Luna. Esta modifica su visibilidad desde la Tierra debido a los movimientos del Sol y de la Tierra misma. La zona que refracta la luz del sol varía y hace posible distinguir 8 fases lunares. Con una duración total de 29 días, 12 horas, 43 minutos y 12 segundos.

Por su parte, la Tierra también varía su posición con respecto al astro rey, el Sol. Este movimiento natural, conocido como traslación, tiene una duración aproximada de 365 días con 6 horas. Estas 6 horas restantes se acumulan y cada cuatro años suman un día, el cual se añade al año en curso, llamado bisiesto.

El conteo del tiempo está sujeto a manipulación
Hoy por hoy estamos acostumbrados a un conteo estándar del tiempo, pero en épocas pasadas el método cambió varias veces. Por ejemplo, distintos gobernantes, como los emperadores romanos, dividieron el año en menos de 12 meses. También quitaban y ponían días a esos meses según sus necesidades y caprichos.

El emperador romano Julio César impuso un calendario llamado juliano, de 12 meses con 30 y 31 días. Comenzaba en marzo, con la llegada de la primavera, y dejaba al mes de febrero con 28 o 29 días, tal como ocurre hoy. Por siglos este sistema para computar el tiempo funcionó sin variaciones importantes.

Llegó el calendario Gregoriano
Ahora bien, el calendario establecido por Julio Cesar no era exacto del todo. El año solar real es un poco más corto: 11 minutos y 14,784 segundos, exactamente. En un par de años esta diferencia apenas se notaría, pero con el pasar de los siglos el desfase resulta mucho más notable.

Es allí cuando entra en escena un religioso llamado Gregorio XIII, quien para el año 1582 se propuso corregir la discrepancia. Esto debido a que el equinoccio de marzo, que marca el inicio de la pascua, se había desfasado tres días ya. Como la iglesia católica era la máxima autoridad entonces, todos aceptaron el cambio.

Para no esperar demasiado tiempo, muchas naciones católicas eliminaron súbitamente 10 días del calendario. Algunos países tardaron más en aceptar la nueva enmienda, pero finalmente hicieron también sus ajustes.
En Suecia, el calendario marcó un 30 de febrero
Los suecos no eliminaron los días tan abruptamente, sino que prefirieron ir eliminando años bisiestos hasta alcanzar la corrección. Ello les tomaría unos cuarenta años, pero para la década de 1700 estalló la Gran Guerra del Norte y las prioridades cambiaron. Este nuevo panorama social hizo olvidar el ajuste que traían.

Años más tarde, el emperador Carlos XII se percató de que el calendario sueco no era ni juliano ni gregoriano. Como ya se había omitido el año bisiesto de 1700, se decretó que en el año 1712 hubiera dos días bisiestos. Así se le añadió un día más al 29 de febrero, creando por primera vez un 30 de febrero.

30 de febrero: ¿un error?
Los rusos, por su parte, crearon en 1929 un calendario donde cada mes tenía 30 días. Los cinco días restantes del año no pertenecían a ningún mes, y eran feriados. Hubo entonces dos años, 1930 y 1931, donde se contó el 30 de febrero. Para el año 1932, los meses en la URSS volvieron a ser como antes.

Algunos dicen que es un error, otros mencionan que no tiene importancia. Pero, ¿qué relevancia tiene esto para ti? Nos gustaría saber tu opinión.
Por: Luisa Lugo




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