PROSTITUCIÓN INFANTIL: el mal que aqueja a todos los continentes


Se estima que hay más de tres millones de menores que han ingresado en redes de prostitución. Este fenómeno, cuya rentabilidad va en aumento, está cada vez más difundido.
Definición 
Por prostitución infantil se entiende el uso de niños en actividades sexuales a cambio de una remuneración o cualquier otro tipo de retribución (por ejemplo regalos, comida o vestimenta). Esta actividad se inscribe también bajo el término explotación sexual.
Estos niños trabajan en las calles o en establecimientos como burdeles, discotecas, centros de masajes, bares, hoteles o restaurantes.
La prostitución afecta tanto a niños como a niñas. En Pakistán, por ejemplo, más del 95% de los conductores de camiones tienen relaciones sexuales con niños varones. Se justifica esta práctica por el hecho de que estos conductores viven, de media, más de 21 días fuera de sus casas, por lo tanto, estas actividades son vistas como la principal forma de entretenimiento durante su tiempo libre.

¿Por qué elegir a niños y no a adultos?
Es más fácil abusar de un niño que de un adulto.
Los explotadores sexuales se aprovechan de la docilidad de los niños, ya que tienen menor capacidad para defenderse. Frecuentemente, esta actitud desviada es motivada por querer obtener un sentimiento de poder sexual o económico, por buscar experiencias nuevas o por la sensación de impunidad que proporciona el anonimato.
Además, en algunas culturas, la búsqueda de relaciones sexuales con niños está justificada por mitos y prejuicios. En Asia, por ejemplo, algunos hombres creen que el tener relaciones sexuales con niñas vírgenes muy jóvenes evita que contraigan VIH/SIDA, e incluso que tal acto cura esta enfermedad. Gran parte de los hombres también cree que el tener relaciones sexuales con una virgen aumenta su virilidad, su expectativa de vida, así como también que trae éxito en los negocios.

Causas de la prostitución infantil
Pobreza
La pobreza es la causa principal de la prostitución. A menudo, los padres sienten la obligación de vender a sus hijos a proxenetas porque sus bajos ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades de su familia. La pobreza también conduce al abandono. Por este rechazo, los niños se ven obligados a dejar el ambiente familiar y a vivir en las calles. Siendo vulnerables y teniendo carencias y necesidades, se convierten en el blanco perfecto de manipuladores, que les prometen trabajo y una remuneración.

Dinero
Comparado con el nivel de los salarios locales, la prostitución es una actividad muy lucrativa.
En Kenia, por ejemplo, un encuentro sexual con una niña de menos de 16 años puede costar aproximadamente 20 euros. Sin embargo, los precios pueden llegar a los 60 euros según el caso. Mientras tanto, un keniata gana de media tan sólo cuatro euros al día.

Las guerras, las catástrofes naturales y las epidemias de VIH/SIDA contribuyen al aumento del número de huérfanos en el mundo cada año. Por ser tan vulnerables, estos niños aceptan cualquier tipo de trabajo. Así, la prostitución se convierte en una forma de supervivencia, dado que es una actividad altamente lucrativa en comparación con otro tipo de trabajo degradante o peligroso.

Trata infantil
Constantemente, y en todo el mundo, un gran número de niños son secuestrados e integrados en redes de prostitución contra su voluntad.

El crecimiento del mercado del sexo
Durante los últimos cuarenta años, la industria del sexo se ha sistematizado y difundido por medio de las nuevas formas de comunicación, contribuyendo al desarrollo de la prostitución y, sobre todo, al aumento y la normalización de la pornografía.

Ganancias provenientes de la prostitución
Turismo sexual

El turismo sexual, que involucra a los niños, es la explotación sexual de menores con fines comerciales, realizada por una o varias personas que viajan hacia otras provincias, regiones geográficas o países.
Mientras que las mujeres eligen ir a la India (Goa), a Jamaica o a Gambia, los hombres viajan al Sudeste Asiático, Marruecos, Senegal, República Dominicana, Cuba, Panamá, Surinam o Brasil.
Desde hace muchos años, los guías turísticos son los que proporcionan las direcciones de los lugares donde se pueden obtener los servicios sexuales de niños. También es posible obtener la información en internet.

Proxenetas y el crimen organizado
En la mayor parte de los casos, los niños prostituidos son controlados por proxenetas que se quedan con una porción de los ingresos que generan. Disminuir estas acciones es una tarea de gran dificultad.
A veces, los proxenetas suelen ser niños anteriormente prostituidos en el mismo lugar; otras veces, en los casos de mayor escala, pertenecen a una red global de crimen organizado.

Intermediarios
“La cadena que conecta al niño con el explotador puede ser de una extensión de miles de kilómetros.”(1).
Los reclutadores, los transportistas, los dueños de burdeles y los taxistas son considerados intermediarios. Incluso también los policías, que muy frecuentemente cierran los ojos ante esta problemática.

Consecuencias en los niños
La prostitución infantil tiene efectos negativos sobre el futuro bienestar y la salud mental del niño, dado que a menudo ellos mismos se convierten en proxenetas.

El acceso a servicios
Los niños sometidos a explotación sexual no reciben educación. Sus familias los rechazan y la sociedad los margina, por lo que no gozan de casi ningún tipo de servicio médico y deben soportar condiciones de higiene absolutamente deplorables.

La propagación del SIDA
La prostitución contribuye a la propagación del SIDA, ya que muchos clientes se niegan a usar protección durante el encuentro sexual con el niño. En consecuencia, estos quedan expuestos a contraer infecciones de transmisión sexual.

Enfermedades físicas y psicológicas
En cuanto al daño físico, los niños pueden tener desgarros vaginales, secuelas físicas (producto de torturas), dolores, infecciones o embarazos no deseados.
Respecto al daño psicológico, los menores pueden presentar varios síntomas; por ejemplo depresión, confusión de la personalidad o de la orientación sexual, problemas de conducta (agresividad o enojo), problemas para dormir, pérdida de seguridad en sí mismos, desconfianza u odio hacia los adultos.

Fuente: Humanium
  
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