“Nos amarraban a una silla y nos cubrían la cabeza con una bolsa para golpearnos”


Muchos adolescentes de México y Centroamérica que en años recientes han llegado como refugiados a Estados Unidos han sido víctimas de castigos que rayan en la tortura en un reformatorio al que suelen ser enviados algunos de los menores no acompañados que son detenidos en la frontera, quienes en lugar de ser protegidos son encarcelados debido a las políticas impuestas por la administración del presidente Donald Trump.
En espera de que los casos de asilo de los menores no acompañados sean resueltos en corte, las autoridades de inmigración entregan la custodia de muchos de ellos a la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), entidad del gobierno federal que depende del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).
Los menores transferidos a la ORR son colocados en albergues o casas de crianza ‘foster care’, pero algunos otros en la etapa de la adolescencia son enviados a cárceles juveniles con las que el gobierno acuerda su encierro.
Uno de esos reformatorios es el Shenandoah Valley Juvenile Center, ubicado en el estado de Virginia, donde se reveló el maltrato físico y psicológico que sufrieron varios adolescentes citados en una demanda judicial.
Los testimonios inscritos en los documentos de la corte describen el castigo al que eran sometidos y refieren los insultos que constantemente recibían los jóvenes inmigrantes, tanto de los otros internos estadounidenses como del propio personal del centro carcelario.
Al estilo de la mafia
Uno de los adolescentes refugiados relata que en una ocasión se agarró a trompadas con un muchacho americano porque ya estaba cansado de que lo llamaran “pendejo” y “onion head”, los guardias del lugar lo amarraron a una silla, le cubrieron la cabeza con una bolsa y empezaron a golpearlo.
El castigo aplicado al estilo de la mafia lo recibió en cinco ocasiones, según cuenta el joven, además de que también eran sancionados con encierro en solitario y desnudos cuando no participaban en las clases o por golpear las paredes con el balón cuando jugaban futbol o si se quejaban de alguna dolencia o malestar físico.
Los relatos de varios jóvenes refugiados citados en la demanda describen escenarios similares sobre el castigo que padecían cuando eran inmovilizados en una silla y con una bolsa en la cabeza que por momentos los asfixiaba.
La acusación por uso excesivo de la fuerza en contra del reformatorio juvenil fue presentada en 2017, pero fue hasta julio de 2019, después de un largo proceso judicial en el que se escucharon los testimonios y se presentaron las pruebas, la demanda fue desechada por la jueza Elizabeth Dillon del Tribunal Federal de Distrito en Virginia.
Protección, no castigo
Abogados del Washington Lawyers’ Committee for Civil Rights and Urban Affairs que representan a los demandantes han llevado el caso a una corte de apelaciones, donde está en revisión, para que el caso pueda ser admitido y tratar de evitar que más adolescentes que llegan al país en busca de protección como refugiados sigan siendo encarcelados en correccionales para delincuentes juveniles y expuestos al abuso.
La petición de los demandantes tuvo la semana pasada el apoyo de grandes aliados cuando un grupo de más de 50 fiscales y reconocidos abogados de todo el país enviaron una opinión a los magistrados para que las acusaciones sean llevadas a juicio, al considerar que los jóvenes inmigrantes no habían cometido delito alguno para ser enviados al reformatorio.
“El propósito de la detención es para protegerlos, no para castigarlos“, señalan los fiscales en el documento enviado al tribunal de apelaciones para expresar su preocupación por el trato que reciben los inmigrantes que buscan asilo, que en este caso incluye abuso físico y confinamiento solitario.

Por: Jorge Morales Almada


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