En un proceso judicial: ¿LAS PARTES HACEN O NO PRUEBA?

He visto con mucha frecuencia, principalmente en materia LABORAL, en ocasión del conocimiento de un caso determinado, donde los abogados, abogadas, jueces y juezas, ante el pedimento de la comparecencia personal de las partes o de una de ellas, refutar o justificar el rechazo del mismo, bajo la equivocada, errada o desacertada frese: “Las partes no hacen prueba”.

En el Código de Trabajo Dominicano (CT) la comparecencia personal de las partes está regido bajo el capítulo de la “CONFESION”, (arts. 575 al 582), y de manera supletoria, para lo no previsto en el citado código, en la Ley 834 del 15 de Julio del 1978, (arts. 60 al 63).

En materia laboral al igual que en materia civil, la “confesión” es una prueba poderosísima. Recordemos el axioma jurídico: “A confesión de parte, relevo de prueba”. Si, por ejemplo, tal y como establece el magistrado Yoaldo Perera, el deudor confiesa que debe, no habría más nada que discutir: se libra acta y se acabó el pleito, que pague. No habría más nada que probar. La sentencia condenatoria se dictaría ipso facto.

Además, de que la confesión es una prueba perfecta, que son aquellos que, establecidos por la ley, ésta le confiere su valor probatorio y jerarquía, aplicables en toda materia, de modo que el juez está obligado por las reglas legales (…) es una manifestación práctica del axiologismo legal (…). (ENJ. Seminario “Valoración de la Prueba” (Jurisdicción civil). Material de apoyo, p. 8.).

Es bien es cierto que hay situaciones en que la confesión no basta, como por ejemplo, para probar el fallecimiento de una persona, un matrimonio, un divorcio, o cualquier situación del estado de las personas, no menos cierto es, que en materia laboral existe la libertad de pruebas, no hay jerarquización que obligue al tribunal a reconocer la supremacía a un medio de prueba sobre otro (No. 24, Ter., Jul. 2005, B.J. 1136; No. 34, Ter., Jul. 2005, B.J. 1136), donde todos los medios de prueba son susceptibles de formar la convicción del juez, a condición de que su producción se ejecute con apego a la ley, o sea, en el tiempo y la forma determinada por el C.T. (Art. 542).

En materia civil, el quid para determinar si resulta factible promover la comparecencia personal de las partes, con el propósito esencial de obtener una “confesión”, o bien cualquier otra medida de instrucción (informativo testimonial, descenso, etc.), es establecer si la cuestión a acreditar con tales providencias constituyen una “situación de puro hecho” o si es “un acto jurídico”.

En los casos de “situaciones de puro hecho”, pueden probarse por cualquier medio, ya que no se puede obligar a los interesados a disponer de una prueba regular, a diferencia de la prueba de un “acto jurídico”. En definitiva, la confesión en materia civil va a contar con preponderancia, concretamente, en situaciones de puro hecho.

Es cierto que en el derecho del trabajo la confesión no tiene preeminencia con relación a los demás medios de prueba, pero los jueces pueden examinarla conjuntamente con las demás pruebas aportadas para sacar sus conclusiones con relación al caso, eso no significa en modo alguno, que dicha confesión, como bien ha apuntado la doctrina, pudiera producirse como consecuencia de un interrogatorio bien estructurado, con ocasión de una comparecencia personal de las partes. Por vía de consecuencia, tal como se ha indicado al inicio de este breve escrito, es incorrectísimo afirmar que, en materia laboral y también en el proceso civil común, “las partes no hacen prueba”. Son las partes las que confiesan, y la “confesión” es una prueba contundente, de gran utilidad, sobre todo en materia laboral donde “existe la libertad de pruebas, y donde no hay jerarquización que obligue al tribunal a reconocer la supremacía a un medio de prueba sobre otro”.

Por: Lic. Romeo Trujillo Arias

Abogado 

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